La tradición que recuerda la toma de la Alhóndiga de Granaditas, transmitida de generación en generación y recuperada en 1934 por iniciativa de Tomás Ulloa y otros habitantes, fue declarada patrimonio cultural intangible del estado.
En la Sierra de Santa Rosa, la historia de la Independencia de México no permanece únicamente en los libros, los monumentos o los museos. También vive en la memoria de las familias, en los personajes que cobran vida durante una representación y en el estruendo de los cañones tradicionales que acompaña una celebración sostenida por la propia comunidad.
Es la historia de los Indios Tejocoteros, una tradición de Santa Rosa de Lima, en Guanajuato, que recuerda los acontecimientos de la toma de la Alhóndiga de Granaditas y que, generación tras generación, se ha convertido en una expresión de identidad, memoria histórica y orgullo comunitario.
Conocida también como la Batalla de Santa Rosa o la guerrilla de los Indios Tejocoteros, esta representación es mucho más que una escenificación de los acontecimientos históricos. En ella se encuentran la memoria de la lucha por la Independencia, los relatos que han pasado de una generación a otra y el trabajo de las familias que han decidido mantener viva una tradición heredada de sus antepasados.
Ahora, esa historia que la comunidad ha conservado durante generaciones cuenta con un reconocimiento oficial: la declaratoria de la Batalla de Santa Rosa como patrimonio cultural intangible del estado de Guanajuato.
Una tradición que nació de la memoria histórica
La historia de los Indios Tejocoteros se encuentra ligada a uno de los episodios más significativos de la Independencia de México: la toma de la Alhóndiga de Granaditas, acontecimiento que ocupa un lugar fundamental en la memoria histórica de Guanajuato.
De acuerdo con la memoria histórica y la tradición oral de Santa Rosa de Lima, expuestas por Julio Robles, representante de la comunidad, el origen de esta representación se remonta al siglo XIX, durante la visita del emperador Maximiliano de Habsburgo a tierras guanajuatenses.
Según este relato comunitario, al paso del emperador por estas tierras, los habitantes decidieron mostrarle cómo había comenzado la lucha por la Independencia de México. La representación surgió así, de acuerdo con la tradición oral, como una manera de recordar y compartir los acontecimientos que marcaron el inicio de aquella lucha.
La memoria de ese episodio histórico encontró en Santa Rosa una forma propia de transmitirse. La comunidad hizo de la representación un espacio para recordar a quienes participaron en la lucha por la libertad y para mantener presente una historia que forma parte de la identidad de Guanajuato.
No obstante, la tradición no tuvo una continuidad ininterrumpida. De acuerdo con el testimonio de Robles, la celebración se suspendió durante algún tiempo por razones de guerra.
Fue en 1934 cuando la representación volvió a tomar fuerza, gracias a la iniciativa del Indio Mayor, Tomás Ulloa, y de otros integrantes de la comunidad. La secretaria de Cultura de Guanajuato, Lizeth Galván Cortés, también destacó esa recuperación, impulsada por Ulloa y un grupo de mineros cooperativistas.
Aquella decisión comunitaria permitió recuperar una expresión que hoy constituye un motivo de orgullo para Santa Rosa de Lima y para Guanajuato. Desde entonces, sus habitantes han sostenido la tradición mediante la organización, la participación familiar y la transmisión de los conocimientos necesarios para continuar representándola.
La recuperación de 1934 representa, por tanto, un momento fundamental en la historia de los Indios Tejocoteros: muestra cómo la voluntad de una comunidad puede devolver continuidad a una práctica que forma parte de su memoria colectiva.
Los personajes que mantienen vivo el relato
En la tradición de los Indios Tejocoteros, la historia se transmite mediante personajes que forman parte de la memoria de la comunidad y que permiten mantener presentes los acontecimientos asociados con la Independencia.
Entre los nombres recordados durante la declaratoria se encuentran Tomás Ulloa, conocido como el Indio Mayor, y Cruz Palacios. También destaca Juana Gabina, mujer a quien esta tradición reconoce por su papel en la memoria de la batalla, así como Juan José de los Reyes Martínez, el Pípila.
Estos nombres forman parte del relato histórico que la comunidad conserva y comparte a través de su representación. Su presencia permite vincular la memoria de los acontecimientos con las personas y los referentes que han permanecido en la tradición de Santa Rosa de Lima.
La celebración encuentra su significado en el conjunto de elementos que la hacen posible: los personajes, las vestimentas, la organización de la comunidad y los cañones tradicionales, cuyos estruendos acompañan la representación.
Cada uno de estos elementos contribuye a que la historia no sea únicamente un recuerdo del pasado, sino una experiencia compartida por quienes participan en la tradición y por quienes la conocen a través de ella.
Como expresó Julio Robles, la historia vive en los pueblos, en sus calles, en las familias y en las tradiciones que sus habitantes se niegan a dejar morir. En Santa Rosa, la representación de los Indios Tejocoteros es una de las formas en que esa memoria continúa presente.
La historia también se transmite en las familias
Detrás de cada edición de la fiesta de los Indios Tejocoteros existe un trabajo colectivo que comienza mucho antes de la representación. Hay horas de organización, preparación, compromiso y esfuerzo; familias enteras que colaboran y personas que comparten sus conocimientos para que la tradición pueda continuar.
Esa participación es uno de los aspectos centrales de su valor cultural. La celebración no depende únicamente de la realización de un acto público, sino de la disposición de una comunidad para conservar una herencia que ha recibido de sus antepasados.
En su intervención, Julio Robles destacó que detrás de la tradición se encuentran los abuelos, los padres y todas las personas que, con su dedicación, han permitido que la representación llegue hasta nuestros días. También señaló que niñas, niños y jóvenes descubren mediante esta práctica el valor de su historia y el orgullo de pertenecer a la Sierra de Santa Rosa.
La transmisión entre generaciones es esencial para comprender la permanencia de los Indios Tejocoteros. Cada familia que participa, cada persona que enseña lo que sabe y cada integrante de la comunidad que decide continuar con la celebración contribuye a conservar una memoria que pertenece a Santa Rosa de Lima.
Por eso, el significado de esta tradición no se limita al día en que se realiza. Su importancia también está en la convivencia entre generaciones, la participación comunitaria y la voluntad de preservar una herencia que forma parte de la identidad local.
La historia que se representa encuentra continuidad en quienes la preparan, la conocen y la comparten. De esta manera, la comunidad no solo recuerda un episodio histórico, sino que mantiene vigente una práctica cultural que fortalece sus vínculos y su sentido de pertenencia.
Cuando una tradición se convierte en patrimonio cultural intangible
La declaratoria de la Batalla de Santa Rosa como patrimonio cultural intangible de Guanajuato reconoce oficialmente el valor de una tradición que ya formaba parte del patrimonio en el corazón de su comunidad.
Su importancia reside en que la expresión cultural ha permanecido viva gracias a sus portadores: las mujeres y los hombres de Santa Rosa de Lima que han dedicado tiempo, esfuerzo y conocimiento a conservarla.
La declaratoria reconoce una historia construida a través de la memoria oral, las prácticas comunitarias y la transmisión de conocimientos. También pone de relieve que el patrimonio cultural no se encuentra únicamente en los objetos o en los espacios físicos, sino en las tradiciones que las comunidades mantienen mediante su participación.
En este caso, el reconocimiento se refiere a una representación histórica que ha atravesado generaciones, que tuvo un momento importante de recuperación en 1934 y que continúa siendo motivo de orgullo para la Sierra de Santa Rosa.
El valor de los Indios Tejocoteros no se limita a su relación con la Independencia de México. También se encuentra en la manera en que una comunidad ha hecho suya esa memoria, la ha incorporado a sus prácticas y ha encontrado en ella una forma de expresar su identidad.
La declaratoria permite reconocer esa aportación y subraya la importancia de generar condiciones para que la tradición pueda seguir practicándose y transmitiéndose.
Preservar la memoria sin perder su raíz comunitaria
El reconocimiento patrimonial también plantea una responsabilidad: procurar que la tradición continúe viva y que las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocerla.
Durante la declaratoria, la secretaria de Cultura, Lizeth Galván Cortés, señaló que reconocer las manifestaciones culturales de las comunidades implica contribuir a su continuidad. Para ello, explicó, es necesario conocer las condiciones en que se desarrollan y trabajar junto con las personas que las practican.
En el caso de las tradiciones que permanecen activas, como la de los Indios Tejocoteros, la tarea consiste en fortalecer las condiciones para que sigan practicándose. Cuando una expresión cultural se ha interrumpido, su recuperación requiere reunir testimonios, consultar archivos y propiciar el encuentro con quienes conservan los conocimientos.
Galván Cortés también planteó la importancia de documentar la memoria oral con el consentimiento de sus portadores, así como de reunir testimonios, fotografías y registros que puedan servir como materiales de consulta y aprendizaje para escuelas, casas de cultura y personas interesadas.
La documentación, explicó, debe ser útil para las propias comunidades. La difusión, por su parte, debe contribuir a explicar el significado de cada tradición y promover un acercamiento respetuoso a los lugares donde se realiza.
Un aspecto central de esta labor es que las comunidades conserven un papel decisivo en las cuestiones relacionadas con su patrimonio: cómo se practica, qué conocimientos se comparten y de qué manera se transmite a las siguientes generaciones.
En Santa Rosa de Lima, la permanencia de los Indios Tejocoteros ha sido posible precisamente por la participación de sus habitantes. El reconocimiento oficial pone de relieve esa labor y la importancia de que cualquier acompañamiento institucional considere la experiencia, los conocimientos y las decisiones de quienes mantienen viva la tradición.
Una herencia que pertenece a Santa Rosa y a Guanajuato
La historia de los Indios Tejocoteros reúne dos dimensiones que se complementan: el recuerdo de un episodio fundamental de la Independencia de México y la trayectoria de una comunidad que ha encontrado en su representación una forma de conservar su identidad.
La tradición oral sitúa sus orígenes en el siglo XIX; su historia registra una interrupción y una recuperación en 1934, impulsada por Tomás Ulloa y otros integrantes de la comunidad. Desde entonces, la participación de las familias ha sido fundamental para mantenerla vigente.
En cada edición, Santa Rosa de Lima vuelve a encontrarse con su historia. Los personajes, las vestimentas y los cañones tradicionales forman parte de una representación en la que el pasado permanece presente gracias al trabajo de quienes la sostienen.
La declaratoria como patrimonio cultural intangible reconoce esa continuidad y la aportación de la comunidad a la memoria histórica y cultural de Guanajuato. También coloca en el centro a las personas que han preservado la tradición y a las generaciones que tendrán la responsabilidad de transmitirla.
Mientras haya familias dispuestas a enseñar esta historia, personas que quieran participar y una comunidad orgullosa de sus raíces, los Indios Tejocoteros seguirán formando parte de la identidad de Santa Rosa de Lima.
La declaratoria y el compromiso de las autoridades
El reconocimiento oficial se realizó con la participación de la gobernadora de Guanajuato, Libia Dennise García Muñoz Ledo; la presidenta municipal de Guanajuato, Samantha Smith Gutiérrez; la secretaria de Cultura, Lizeth Galván Cortés, y Julio Robles, representante de la comunidad de Santa Rosa de Lima.
Durante el acto, Samantha Smith señaló que la declaratoria reconoce oficialmente una tradición que la comunidad ha mantenido viva durante generaciones. Agradeció a las familias que han dedicado su tiempo y esfuerzo a conservarla y destacó la responsabilidad compartida de continuar difundiéndola para que niñas, niños y jóvenes conozcan su historia.
La alcaldesa también reconoció el respaldo de la gobernadora y de la Secretaría de Cultura en el proceso de declaratoria, y afirmó que el reconocimiento pertenece a las mujeres y los hombres de Santa Rosa de Lima.
Por su parte, Lizeth Galván Cortés sostuvo que la política cultural del estado debe partir de las necesidades concretas de cada comunidad y fortalecer la colaboración entre las instituciones y quienes practican las tradiciones. Desde la Secretaría de Cultura, afirmó, existe la responsabilidad de vincular la protección del patrimonio con la participación comunitaria.
Julio Robles expresó que la declaratoria representa una oportunidad para fortalecer la conservación y difusión de la fiesta de los Indios Tejocoteros, así como para acercar su historia a las nuevas generaciones y dar a conocer la riqueza cultural de la Sierra de Santa Rosa dentro y fuera de Guanajuato.
El reconocimiento oficial, coincidieron los participantes, debe acompañarse de acciones que permitan preservar la tradición y favorecer su transmisión. La declaratoria no sustituye el trabajo de la comunidad: reconoce su importancia y la necesidad de que continúe siendo la principal protagonista de su historia.
La Batalla de Santa Rosa ya es patrimonio cultural intangible de Guanajuato. Su historia, sin embargo, no comienza con el reconocimiento ni termina con la ceremonia. Permanece en las familias que la transmiten, en los personajes que la comunidad recuerda y en la voluntad de Santa Rosa de Lima de mantener viva una herencia que forma parte de su identidad.
