Durante años, el turismo en Guanajuato se ha contado a partir de sus ciudades más visibles: Guanajuato capital, San Miguel de Allende o León. Sin embargo, el modelo actual plantea algo distinto. El estado no se entiende como un solo destino, sino como un sistema integrado por siete regiones turísticas, cada una con identidad, vocación y composición territorial propia.
Este cambio no es menor. Implica una nueva forma de interpretar el territorio, de diseñar experiencias y de comunicar el turismo.
Hoy, Guanajuato se estructura en siete regiones turísticas que, en conjunto, integran sus 46 municipios. La Región I está conformada por Ocampo, San Felipe y San Diego de la Unión. La Región II incluye San Luis de la Paz, Doctor Mora y San José Iturbide. La Región III agrupa a Victoria, Santa Catarina, Tierra Blanca, Xichú y Atarjea. La Región IV integra a Guanajuato, San Miguel de Allende y Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional. La Región V está compuesta por León, San Francisco del Rincón, Purísima del Rincón y Silao de la Victoria. La Región VI incluye Irapuato, Salamanca, Abasolo, Pénjamo, Manuel Doblado, Cuerámaro, Huanímaro, Pueblo Nuevo y Romita. Finalmente, la Región VII agrupa a Valle de Santiago, Yuriria, Salvatierra, Moroleón, Acámbaro, Tarandacuao, Coroneo, Jerécuaro, Santiago Maravatío, Uriangato, Celaya, Santa Cruz de Juventino Rosas, Comonfort, Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Tarimoro, Cortazar, Jaral del Progreso y Villagrán.
Cada región no solo agrupa municipios. Agrupa realidades distintas. Hay regiones con fuerte desarrollo turístico y alta conectividad, como la que integra Guanajuato capital y San Miguel de Allende. Otras, en cambio, concentran una riqueza natural y cultural menos visible, pero con alto potencial y menor aprovechamiento.
El diagnóstico estatal reconoce esta diferencia: mientras algunas ciudades cuentan con infraestructura sólida y una oferta consolidada, otras regiones enfrentan limitaciones en conectividad, servicios y desarrollo turístico, lo que impide aprovechar plenamente su potencial.
Ahí está el punto de inflexión. El nuevo modelo no busca concentrar el turismo en los mismos lugares, sino distribuirlo. No se trata de sustituir destinos consolidados, sino de integrar al resto del territorio en una lógica más amplia.
Esto implica cambiar la narrativa. Guanajuato deja de ser una colección de destinos icónicos y comienza a entenderse como un territorio diverso, donde cada región aporta algo distinto: patrimonio histórico, paisaje natural, gastronomía, tradiciones vivas y dinámicas comunitarias.
También cambia la forma de diseñar la oferta turística. En lugar de experiencias aisladas, el enfoque apunta hacia la integración regional: rutas, circuitos y conexiones entre municipios que permitan al visitante recorrer y comprender el estado como un sistema.
En este contexto, la diversidad regional no es un problema a resolver, sino una fortaleza estratégica. Es lo que permite construir una oferta más auténtica, diferenciada y competitiva, capaz de responder a distintos perfiles de viajero.
El desarrollo regional del turismo se convierte así en uno de los principales motores del estado, no solo por su impacto económico, sino por su capacidad de llevar beneficios a más comunidades, fortalecer economías locales y ampliar la cadena de valor turística.
En el fondo, lo que está ocurriendo es un cambio de escala. El turismo en Guanajuato deja de pensarse en puntos específicos y comienza a pensarse en territorio. Deja de medirse solo por volumen y empieza a evaluarse por su capacidad de generar equilibrio.
Por eso, entender Guanajuato hoy exige cambiar la mirada. No es un destino. Son siete formas distintas de vivirlo.
Fuente: Programa Estatal de Turismo de Guanajuato 2025–2030.