Con su inconfundible cúpula dorada que evoca los Inválidos de París, el Templo de la Inmaculada Concepción, conocido cariñosamente por los sanmiguelenses como “Las Monjas”, es uno de los conjuntos arquitectónicos más extraordinarios y emotivos de San Miguel de Allende. Este templo del siglo XVIII no solo destaca por su elegante arquitectura, sino por la conmovedora historia de amor divino que inspiró su construcción.
La historia de este templo comienza en 1751 con una joven de apenas 15 años llamada María Josefa Lina de la Canal y Hervás (1736-1770), conocida como “La Azucena de San Miguel”. Heredera de una fortuna de 70,000 pesos tras la muerte de sus padres, esta extraordinaria mujer decidió consagrar su vida y su riqueza a Dios, fundando el primer convento de monjas de clausura en San Miguel de Allende. Fue el padre Luis Felipe Neri de Alfaro quien la orientó en su vocación religiosa, recomendándole hacer un retiro en el Santuario de Atotonilco para confirmar su llamado.
Construido por el arquitecto queretano Francisco Martínez Gudiño entre 1755 y 1842, el templo forma parte de un extenso complejo conventual que funcionó como casa de las monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción hasta las Leyes de Reforma. Su característica cúpula amarilla, coronada por la estatua de la Inmaculada Concepción, y su elegante fachada barroca lo convierten en uno de los puntos de referencia visual más importantes de la ciudad. El interior alberga un magnífico altar y valiosas pinturas al óleo que narran siglos de devoción mariana en el corazón de San Miguel de Allende.