Casi diez años después de su última actuación en la capital guanajuatense, la contralto Ana Caridad Acosta regresó al Museo Iconográfico del Quijote el pasado 19 de marzo para ofrecer el programa Tierra de mis amores, acompañada por el pianista Santiago Piñeirúa, dentro del ciclo Jueves Musicales del MIQ. La velada reunió en un solo acto la celebración, la memoria y la emoción de una cantante que volvía a Guanajuato con mucho que decir.
Originaria de Cortazar y reconocida desde hace más de cuatro décadas como una de las grandes voces del bel canto mexicano — apodada “la Contralto de América” y ganadora del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli —, Acosta abrió la noche con una confesión que marcó el tono de todo lo que siguió: “Hace cuatro meses pasé por una cirugía que comprometió mi médula espinal; así que estoy súper feliz de volver a escuchar mi voz”. La serenidad con que lo dijo, lejos de resultar dramática, convirtió cada nota posterior en algo más que música.
La primera parte del programa estuvo dedicada a las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla, un conjunto que condensa la riqueza del folclore ibérico en miniaturas de gran intensidad y que sirvió además para rendir tributo al compositor gaditano en el año en que se cumplen 150 años de su nacimiento. Tras el intermedio, Acosta condujo al público por la lírica de autores de su tierra: de Joaquín Pardavé interpretó Varita de nardo y La Panchita, deteniéndose a expresar su admiración por la dulzura y candidez de ambas composiciones.
El momento más emotivo de la noche llegó antes del bloque dedicado a María Grever. Acosta recordó a su amiga y colega Lourdes Ambriz, fallecida en agosto de 2025, con quien había prometido compartir ese mismo escenario. “Fuimos amigas más de 45 años y vivimos cualquier cantidad de aventuras. Quiero creer que ella está aquí esta noche, para escuchar estas canciones que le canté al pie de su cama”. A esa evocación siguieron Te quiero, dijiste, Ya no me quieres y Despedida, tres canciones que el público recibió en silencio.
Para el cierre, Acosta hilvanó Marchita el alma de Antonio Zúñiga, convocó a todo el público a corear el himno local Tierra de mis amores de Jesús Elizarrarás, y remató con Besos robados de Jorge del Moral, también en homenaje a Ambriz. Antes de despedirse, recibió de manos de Alejandra Sánchez Gutiérrez, coordinadora de Proyectos Culturales del MIQ, y del curador Carlos Vidaurri, un reconocimiento por sus 40 años de carrera profesional, como “destacada cantante guanajuatense que con su voz ha iluminado cientos de escenarios en México y el mundo”.