Guanajuato, Gto. — En Guanajuato capital hay dos ciudades superpuestas: la que se camina entre callejones, plazas y fachadas coloniales, y otra que se recorre bajo tierra, silenciosa y sorprendente. No es una metáfora. Es literal.
Quien llega por primera vez y atraviesa sus túneles suele preguntarse lo mismo: ¿por qué existen? ¿cómo es posible que una ciudad colonial tenga calles subterráneas? La respuesta no está en el diseño urbano moderno, sino en el agua.
Guanajuato fue construida en una cañada estrecha, rodeada de cerros. Durante siglos, el río Guanajuato descendía por el mismo trazo que hoy ocupan algunas de sus vialidades más transitadas. En temporada de lluvias, el cauce podía crecer con fuerza, afectando viviendas y actividades comerciales. La ciudad, que prosperó gracias a la minería de plata en los siglos XVII y XVIII, tuvo que aprender a convivir con su geografía.
Con el paso del tiempo, las inundaciones se volvieron un desafío recurrente. Ya en el siglo XX, se tomó una decisión que transformaría para siempre la fisonomía urbana: canalizar y cubrir el antiguo lecho del río. Lo que antes era cauce natural se convirtió en la actual Calle Subterránea Miguel Hidalgo y en una red de túneles que hoy permite cruzar el centro sin alterar la traza histórica en superficie.
Circular por ellos es una experiencia distinta a cualquier otra ciudad mexicana. La luz cambia, la temperatura se siente diferente y los muros de piedra recuerdan que ese espacio no fue concebido originalmente como avenida. De pronto, una rampa conduce nuevamente a la superficie y el visitante reaparece en medio de una plaza, un mercado o una avenida colonial, como si hubiera atravesado discretamente otra dimensión.
Para quien camina el centro histórico, los accesos aparecen casi sin aviso: entradas junto a la Avenida Juárez, descensos cercanos al Mercado Hidalgo, rampas que conectan con Embajadoras o con calles laterales. Esa superposición de niveles explica por qué Guanajuato no se recorre en línea recta, sino en planos distintos.
Más allá de su función vial, los túneles son una muestra de adaptación. La ciudad no borró su pasado hidráulico: lo transformó. Lo que durante siglos fue un problema terminó convirtiéndose en una solución urbana que hoy distingue a Guanajuato en el panorama nacional e internacional.
Para el visitante, vale la pena vivirlos con calma. Si conduces por primera vez, hazlo con atención; las salidas no siempre son evidentes y el trazado no es convencional. Si decides explorar accesos a pie, hazlo durante el día y en zonas señalizadas. Como en cualquier destino, informarse previamente y mantenerse en áreas transitadas garantiza una experiencia más tranquila. Los túneles forman parte de la vida cotidiana de la ciudad, pero siempre es recomendable preguntar en tu hotel o en módulos turísticos sobre rutas y conexiones.
Descubrir Guanajuato implica entender que su historia no solo está en templos, teatros o minas, sino también bajo sus calles. Debajo del centro histórico corre la memoria de un río que moldeó su arquitectura y su carácter.