En lo profundo del estado de Guanajuato, en la localidad conocida como Misión de Chichimecas, habita el pueblo úza’. Los éza’r, como se autodenominan, son los últimos descendientes de los antiguos habitantes de la Gran Chichimeca, el último reducto de una cultura milenaria que se resiste a desaparecer.
Su historia está marcada por la resistencia. Desde los tiempos de la conquista española, los chichimecas jonaz fueron guerreros indomables, protagonistas de una de las luchas más largas contra la colonización. Durante más de 200 años, los gobiernos virreinales intentaron someterlos, y con la llegada de los gobiernos posrevolucionarios, enfrentaron la pérdida y reasignación de su territorio.
Hoy, los éza’r conservan su identidad a través de dos elementos fundamentales: su lengua y su territorio. En el antiguo valle de Juágé-nánde’, donde la flora y la fauna del semidesierto dictan el ritmo de la vida, los chichimecas jonaz han mantenido su cosmovisión, su medicina tradicional y su organización social y económica, aunque han debido adaptarse a los cambios del tiempo.
El idioma úza’ está en peligro de extinción. Con un número cada vez menor de hablantes, la comunidad ha impulsado un proyecto de rescate lingüístico que busca fortalecer el uso del idioma en las nuevas generaciones. La lengua úza’ no es solo un medio de comunicación; es el reflejo de su concepción del mundo, de su conexión con la naturaleza y de su estructura social. Su gramática evidencia una manera única de entender los géneros, el cuerpo humano y la relación con el entorno.
La vida comunitaria en Misión de Chichimecas sigue una estructura social organizada, donde la participación política y las funciones de las agrupaciones son clave para la conservación de su cultura. Las relaciones internas e interétnicas influyen en la revalorización de sus tradiciones y en la concreción de proyectos productivos y de servicios.
El pueblo úza’ es historia viva, un testimonio de resistencia cultural y adaptación. En cada palabra de su lengua, en cada ritual, en cada paso sobre su territorio, los éza’r demuestran que siguen aquí, que su legado perdura y que, pese a los desafíos, no están dispuestos a desaparecer.