En el corazón de la cocina tradicional de Guanajuato laten historias como la de Ana María Soto Vargas, cocinera originaria de Pénjamo y una de las pioneras del programa estatal de Cocineras Tradicionales desde 2010. Su trayectoria no solo refleja sazón, sino también resiliencia, orgullo y un profundo sentido de pertenencia.
Todo comenzó con una invitación que aceptó con decisión, aunque al principio el miedo la detenía. “Al principio no fue fácil. Casi no salía sin mi esposo y tenía miedo. Con el tiempo entendió y aquí sigo”, recuerda. Fue parte del primer grupo de cinco cocineras que dieron vida al programa en un evento histórico en la ciudad de Guanajuato —un momento que marcó un antes y un después en su vida.
Desde entonces, su cocina ha viajado dentro y fuera del país, llevando el sabor auténtico de Guanajuato a escenarios como Madrid. “Gracias a este programa conocí lo que yo valía, lo que tenía dentro. Yo cocinaba en casa, pero aquí entendí que mi cocina tenía un valor”, afirma con emoción.
Su formación culinaria nació en la escuela del hogar: al casarse, apenas sabía cocinar —antes vendía tortas—, pero fue su suegra quien le enseñó las bases. Con los años, la práctica constante y la capacitación profesional transformaron ese saber en un talento reconocido. “La cocina tradicional me enseñó a valorarme, a valorar a las personas y a mi equipo. Los cursos y el acompañamiento nos hacen crecer”, destaca.
Entre sus platillos más emblemáticos están las enchiladas Tres Marías —una fusión única de enchilada verde, de mole y roja— y la cecina penjamense, pieza infaltable en cada presentación. “Si no llevo la cecina y las Tres Marías, siento que no fui”, dice con orgullo. Su propuesta es celebrada por su autenticidad, sabor y raigambre cultural.
Pero su legado no se construye en soledad: su hija la acompaña en cada evento y comparte su pasión por la cocina tradicional. Ana María sueña con que algún día forme parte del programa y continúe el camino iniciado. “Ella siempre ha estado conmigo. La cocina se vive en familia”.
Historias como la de Ana María Soto Vargas son el pilar del turismo con identidad que impulsa el Gobierno de la Gente: un homenaje a quienes preservan la memoria culinaria, fortalecen el orgullo comunitario y comparten, desde sus fogones, la esencia viva de Guanajuato con el mundo.